Me despierto casi siempre a las 6. Será la costumbre o a veces la angustia que llega y me invade. Me da tiempo de pensar muchas cosas y otras tantas de terminar alguna cosa pendiente o simplemente para leer las noticias que durante el día sé que no leeré por cuestión del trabajo.
Supongo que siempre he soñado, aunque muchas veces no recuerdo esos sueños. Ha habido sueños tras los que me despierto sobresaltado y algunas otras ocasiones muy extrañado de por qué esos sueños.
Desde hace mucho tiempo he soñado en diversas ocasiones algunas cosas y siempre el común denominador ha sido una calle. En esos sueños sabia cuál era esa calle, pero cuando recordaba el sueño no entendía por qué esa calle. Las características de la calle era que siemrpe era larga y muy ancha, pero sobre todo no estaba pavimentada.
El inicio del mes de noviembre siempre ha sido muy significativo en la cultura popular mexicana y creo que para todos los mexicanos tiene un valor muy particular. El olor a incienso, a cempasúchil, las calaveritas, el papel china de diversos colores y figuras, las calaveritas de chocolate, el pan de muerto y otros colores y figuras son siempre algo que recuerdo desde niño y que van asociados a la ofrenda que año con año se ponía en mi casa.
Correr para mí fue una actividad cotidiana durante un buen tiempo. No solo era el ejercicio cada mañana, sino que era pensar y ver el paisaje urbano. Antier Diego y yo caminamos/corrimos un trayecto de poco más de kilómetro y medio. Para mí eso no es nada pues he caminado y corrido trayectos más largos, pero para un niño de 4 años es algo sorprendente: vaya que sí corre. No corrimos más por la amenaza de lluvia.
Me sorprende Diego: su energía, su vitalidad, su imaginación. Siempre tiene que estar haciendo algo. No sólo es importante para él estar jugando, es importante también para mí: ayuda mucho a mi estado de ánimo.
Tras subirnos al barco que lleva años deteriorándose, le dije que si nos íbamos por las "vías". Así le denominó a los senderos que hay en ciertos camellones. El corre en su vía y yo en la mía. Siempre compitiendo a ver quién gana y llega más rápido a la meta, haciendo paradas y corriendo una y otra vez. El que gane Diego es importante para él. Le da mucha seguridad para las cosas que hace, pero cuando pierde se da cuenta que no siempre ganas. Por cierto: éramos trenes.
Cuando inicie esta página fue más que nada por la necesidad de expresar muchas de las cosas que siento y que vivo. Esencialmente escribo para mí y para Diego. Para mí porque me permite conocerme aun más. Para Diego porque creo que tendrá cosas en las que ir conociéndome, cosas que no son sólo el trato cotidiano.
Tendría unos 13 años cuando tuve mis primeros lentes. Y fue un gran cambio pues además de que fueron lentes de contacto, algo no común para mucha gente, pude tener una visión mucho mejor.
Iba en la Secundaria. Mi grupo usaba la Biblioteca de la Secundaria como salón. En vez de sillas con su respectiva paleta teníamos que usar en grupos de 4 o 5 una mesa redonda. El espacio era enorme y yo tenía dificultades para ver hasta el pizarrón pues me sentaba hasta la parte de atrás. Rara costumbre para quien no podía ver adecuadamente.
En noviembre del 2007 fui a Oaxaca, a visitar las tumbas de mis padres. No viajo regularmente allá. Además me hacía falta un respiro. Pedí dos días de vacaciones y me les “pegué” a mis hermanos que irían. Si, muchos notarán que escribí “las tumbas de mis padres” y me refiero precisamente a eso. Ahí están sus restos, pero a ellos los tengo siempre en la memoria. No hace falta ir a visitarlos, están en el permanente recuerdo, en el día, en el viento, en las noches de desvelo o en las mañanas de alegrías que comparto con Diego.
Decía yo que regularmente la vida ajetreada no nos permite sentarnos y mirar alrededor. O será que al ir creciendo nos olvidamos de los detalles que tenemos envolviéndonos. Quizá de plano nos olvidamos de ellos conscientemente. Hoy procuro ir disfrutando más de las cosas que tengo a mi alcance. En alguna de mis frustradas visitas al psicólogo yo le decía que una de las cosas que hoy disfruto es sentarme a escuchar un CD en el stereo, acompañado de un café, una cerveza o un poco de licor.
Desde hace años que mi rutina es la misma. Siempre viajando en el metro, combi, autobús, taxi o de plano a pie. Llegar a casa muchas veces había sido como un respiro para descansar. He sido una persona en los últimos 20 años muy errante: he ido de un lado para otro, ya sea por cuestiones escolares o simplemente de independencia. Hoy trato que sea diferente.
Hoy me dieron ganas de salir, caminar un poco y, no sé, como estar buscando una idea o algo que apareciera. He estado muy intranquilo estas últimas semanas. No duermo bien y ha regresado la depresión.
Salí temprano del trabajo para ir a ver un trámite del Seguro. No tengo ya el servicio y Diego necesita su atención médica. Después fui a comer. Quería algo diferente.
Suena el despertador.
Otro día que empieza.
Qué flojera a veces.
La monotonía.
Otro día más.