Estar en casa

Decía yo que regularmente la vida ajetreada no nos permite sentarnos y mirar alrededor. O será que al ir creciendo nos olvidamos de los detalles que tenemos envolviéndonos. Quizá de plano nos olvidamos de ellos conscientemente. Hoy procuro ir disfrutando más de las cosas que tengo a mi alcance. En alguna de mis frustradas visitas al psicólogo yo le decía que una de las cosas que hoy disfruto es sentarme a escuchar un CD en el stereo, acompañado de un café, una cerveza o un poco de licor.

Desde hace años que mi rutina es la misma. Siempre viajando en el metro, combi, autobús, taxi o de plano a pie. Llegar a casa muchas veces había sido como un respiro para descansar. He sido una persona en los últimos 20 años muy errante: he ido de un lado para otro, ya sea por cuestiones escolares o simplemente de independencia. Hoy trato que sea diferente.

Actualmente vivo solo. Tengo a Diego conmigo en ciertos días y horarios y disfruto mucho de esos momentos. Igual trato que Diego se la pase lo mejor que se pueda. Anteriormente veía la salida a la calle, al mercado, al centro, a comer fuera de casa como algo necesario. Sentía que la casa me asfixiaba, que la soledad de la misma me deprimía.

Hoy con el día a día busco que la situación cambie. No es el entorno físico el que sea diferente, sino las actividades y mi actitud me permitan disfrutar de cosas que están ahí, pero que hacemos a un lado. El sentarme en mi sala, ya sea para ver una película, para leer un rato, o ver jugar a Diego me resultan muy gratificantes y me llenan de calma. No se trata ya solo de llegar a casa para descansar o dormir, sino que también eso sea algo que se pueda disfrutar y más cuando tengo a Diego conmigo.

El cambiar las rutinas ayuda en ese sentido. Igual con las cosas. El sacar la televisión y el DVD del cuarto donde duermo fue un paso que ayudó al respecto. Me hace pasar más tiempo en donde está la sala, aunque sea para ver la tele o leer un poco. Igual hay más espacio para que Diego corra. Igual es con la comida.

Esta última semana he comido en más de una ocasión enchiladas de mole negro que traje de Oaxaca. De hecho comí junto con Diego la primera vez. Le gustaron. Es un mole negro que no es picoso. El lunes estando solo las preparé, puse música que me gusta pues en ocasiones escucho alguna estación de radio y me senté a disfrutar. Cuando me di cuenta dije “que bonito es estar en casa”.

Algo similar sucedió el sábado. Ya anteriormente habíamos ido al circo, y nos tocaba ir al cine en esta semana, pero le propuse a Diego que mejor nos quedáramos en la casa y que viéramos una película. Le decía a Diego que no sería el cine como regularmente vamos, pero que en casa también podíamos tener “nuestro cine”, con palomitas, refrescos y algún helado. Esto último le encantó y ya en el momento me dijo: “papito, que bien que estamos con nuestro cinito, aquí en nuestra casa”.

Hoy para mi estar en casa va tomando nuevamente un significado. Espero que para Diego sea algo que recuerde a lo largo de su vida.

Y tú, ¿cuándo te sientes en casa?