Tendría unos 13 años cuando tuve mis primeros lentes. Y fue un gran cambio pues además de que fueron lentes de contacto, algo no común para mucha gente, pude tener una visión mucho mejor.
Iba en la Secundaria. Mi grupo usaba la Biblioteca de la Secundaria como salón. En vez de sillas con su respectiva paleta teníamos que usar en grupos de 4 o 5 una mesa redonda. El espacio era enorme y yo tenía dificultades para ver hasta el pizarrón pues me sentaba hasta la parte de atrás. Rara costumbre para quien no podía ver adecuadamente.
A pocos compañeros de la secundaria vi ya muchos años después de salir de esta. Tomamos rumbos diferentes. Cada quien fue definiendo sus intereses o fue llevado por las circunstancias por caminos que no se esperaba. ¿Qué habrá sido de la mayoría de ellos? ¿A cuántos me los habré encontrado de frente y nos reconocimos? ¿Qué habrá sido de esa compañera que me gustaba mucho en primer año y que esperé con tantas ansias verla al siguiente ciclo escolar y ya no volví a ver?
Mi madre me llevó al que se le conoce como “Hospital de la luz”. Llegamos un sábado por la mañana. Pagamos la consulta y a la espera. Ya en el consultorio me llamaron y me hicieron el examen respectivo. Directo a lentes de contacto, cuya sección se encontraba en la parte posterior del Hospital. Como ya era tarde, hubo que regresar otro día.
Ya a la siguiente semana regresamos. La llegada era bajándose en el Metro Revolución, nos cambiábamos de andén y tomábamos la salida por ese lado. Vuelta a la derecha y caminando por la calle de Ezequiel Montes llegábamos. Fue en una de esas consultas ya de regreso donde comí por primera vez tacos de mixiote.
El examen fue cansado. Ahí me pusieron un aparato donde se le cambiaban los lentes para ir haciendo las pruebas necesarias. Aparte me tomaban las medidas de las corneas o algo así. Al final me quedaba viendo círculos de colores. Ya después de todo este proceso, hubo que regresar por los lentes.
En la siguiente visita fue la prueba. Aparte de estar emocionado, me preguntaba con cierto temor que se sentiría, que tanto sería molesto y si no tendría problemas. Para mí fue un día de cambios importantes.
La primera prueba fue difícil realmente. Resultó bastante molesto. Los ojos me lloraban y aparte de la molestia, había una rara sensación. Era una novedad. Desde el primer momento noté el cambio tajante. Ya todo se veía estupendo. Dicen que fui de las pocas personas que soportaban unos lentes tan rápido (hay quienes de plano no los soporta) pues eran semi-rigidos. Y así inició el proceso de adaptación, doloroso a veces, pero finalmente formó parte de todas las cosas cotidianas.
Hace unos días fui a una óptica de por aquí. Les explique que necesitaba lentes de contacto pues tenía ya bastante tiempo de no revisarme la vista y notaba que la graduación necesitaba cambiarse. Aparte de la graduación unos lentes de contacto tan viejos no le ayudaban a la salud de mis ojos. Pasé por el cansado examen y solo quedé a la espera de ir por ellos. Sorpresivamente este sábado sonó el teléfono: era una llamada de la óptica y me decían que ya podía pasar por ellos. 3 días antes de lo esperado, ¡estupendo!
Como los guantes me los llevé puestos. Qué diferencia de visión. Las cosas más definidas, más claro todo. Fue como redescubrir las cosas. La primera mirada al piso. Las líneas de los mosaicos totalmente claras, las letras de una hoja en el escritorio del consultorio totalmente nítidas. Como hace 25 años. Pero ahora estaba solo. En ese tiempo me acompañaba mi madre y hoy iba sólo. Hubiera llevado a Diego pero estaba dormido y preferí no llevarlo, además que el también prefirió quedarse acostado otro rato más.
De camino a casa fui viendo los letreros luminosos, las luces de los autos, los rastros de la lluvia vespertina de la cual nos escapamos Diego y yo. Llegando a casa intenté trabajar en la computadora o leer algo pero no pude. Hubo que regresar el lunes a que ajustaran la graduación.
Hoy me siento muy bien. No tanto que tenga juguete nuevo, pero fuera de las molestias pequeñas que existen (pues el uso diario “pule” los nuevos lentes), todo está estupendo.
Al estar escribiendo esto me quedé pensando nuevamente en que sería de esa compañera mía que tanto me gustaba y no regresó al siguiente ciclo escolar. Igual sigo pensando al igual que esos días: ¿ella habrá pensado en mí? Sería una agradable sorpresa encontrarla en la calle algún día de estos.